domingo, 7 de agosto de 2011

Desconecting en Letux

Hola a todos. Si esta vez he tardado tanto en actualizar el blog no se debe a que no haya tenido tiempo por cuestión de trabajo, sino que he estado descansando una semana en el pueblo de mi padre, Letux, donde por el momento carecemos de red wifi, o si la hay desconozco su ubicación, lo que impide que esté conectado a la red. Aprovechando el cumpleaños de mi padre, he estado toda la primera semana de agosto hasta hoy. Mi intención era fundamentalmente ir en bicicleta, recorrer los senderos que pasan por el pueblo hacia los pueblos limítrofes e intentar relajarme en las piscinas. Bien, en cuanto a lo segundo, tras caminar cuatro horas sin parar dirección Azuara y comprobar que algunos de los senderos no están bien indicados, pues acabé yendo por la carretera, desistí de seguir haciendo rutas senderísticas y optar por buscar otras distracciones por la tarde. El miércoles me fui a ver cómo mi tío Emilio pescaba cangrejos en el río. Fue una experiencia interesante, pudiendo comprobar como se aplicaba una técnica tradicional para aprovechar los recursos que el río ofrece al ser humano. Además, los cangrejos, una vez cocinados, estaban buenísimos. Sin embargo, me dio mucha pena ver a los pobres cangrejos intentando escapar o encontrar una salida al cubo en el que mi tío los dejó una vez sacados de la red donde los pescó. Desde luego, que hubiese preferido tirarlos a los pobres y que pudiesen seguir llevando su vida normal. También llegué a la conclusión, de que si voy a pescar, una vez cogidos los tiraré, pues comerse a un pobre animal indefenso, me da no sé que. También concluí que de comer cangrejos mejor comprados, pues ya los ves directamente en la tienda y no dan tanta pena. Otra de las opciones alternativas era coger moras, pero descarté tal opción debido a que por ahora había muy poquitas maduras. En cuanto a la bicicleta, he acabado muy contento. El primer día tuve la cura de humildad y vi casi imposible hacer 40 km todos los días a un buen ritmo. Eso hizo que el segundo y el tercer día sólo hiciera 23 y 20 km respectivamente. No obstante, el miércoles pude rescatar mi bicicleta de montaña del pueblo (hasta ahora usaba la de mi hermano, que no da mucha seguridad y es una bomba de relojería). Ese mismo miércoles también comprobé que mi cuerpo sí era capaz de aguantar ya los 40 km diarios. Así que el jueves y el viernes hice 40 y 43 km respectivamente y ambos días bajando de las dos horas, lo que significa una media de algo más de 21 km/h. En realidad, es una media insignificante, pero teniendo en cuenta que hace años que no cojo la bici por carretera, estoy muy contento, pues creo que aún puedo ir más rápido y también mejorar en la técnica de dejar el botellín en el soporte una vez que te has hidratado. Finalmente, en el aspecto lúdico se puede decir que la cosa acabó con buen sabor de boca. Ayer mismo acabé en las piscinas bailando en una disco-móvil que estaba prevista hasta la una y media y acabó a las cuatro y media de la madruga. Coincidí por suerte con dos de mis amigos del pueblo, David y Javier, que tras abusar de la cerveza, acabamos, animándome yo primero, por integrarnos en la fiesta que las mujeres del pueblo estaban organizando tras haber tenido la cena de la organización de mujeres de Letux, presidida este año por la madre de mi amigo David. Además, nos incorporamos cuando mi tía Asun ya se había marchado, así que se perdió ver a su sobrino en vivo haciendo sus peculiares bailes. La música estuvo bien y el DJ receptivo a mis sugerencias. Uno de los momentos cumbres fue cuando baile mi personal versión del Waka Waka, que consiste en estar saltando los 5 minutos que dura la canción. Es una baile que ya es un clásico en mi repertorio, pues lo llevo haciendo ya desde septiembre. La fiesta estuvo divertida al unirse con las mujeres del pueblo, jóvenes algo más mayores que yo y más veteranas, que en condiciones normales nunca se daría dicha fusión. Para mi fue divertido y una nueva experiencia. En cuanto a la asociación, de la que mi madre y mi tía Angelines también son integrantes junto con mi tía Asun, es positivo que se una, ya que es una buena forma de combatir, sin caer en la celebración de Santa Águeda, la fiesta machista por excelencia, la estructura machista en la que han sido educadas muchas de ellas, especialmente las veteranas, que les tocó la infancia en el Primer Franquismo cuando el peso social de la Iglesia era más asfixiante en las mentalidades de la población. Da alegría ver que por una noche algunas de estas mujeres no han tenido que estar pendientes de las labores domésticas y de hacer la cena para la familia y han podido tener un momento de rélax cenando fuera y disfrutando de la compañía de las otras mujeres del pueblo. Otro de los hechos positivos es la diversidad de edades que se juntan, como ya he dejado expuesto de manera implícita, ya que se reúnen las abuelas y las madres, dos generaciones que tienen puntos en común y otros no tanto. Dicha unión supongo que permitirá intercambiar opiniones y experiencias y que las más jóvenes aprendan de la sabiduría vital de las veteranas en asuntos de la casa y de la vida y que las veteranas se contagien del espíritu más combativo y abierto en cuanto a las relaciones de familia y sociedad, que no hunden tanto las raíces en la visión tradicional de la mujer como guardiana de la casa y que abogan el compartir las táreas y el lógico derecho de la mujer de tener los momentos de ocio en el bar con sus amigas al igual que siempre han hecho los hombres. Sería deseable que desde la organización salieran más iniciativas que materializaran de manera práctica las nuevas concepciones de la igualdad de sexos. Volviendo a la fiesta, espero que estos buenos momentos que he pasado se repitan a mi vuelta de excavaciones en las fiestas de Letux al final de este mes. Finalmente, lamento decir que nadie tenía cámara en ese momento y no pude inmortalizar el momento festivo en las piscinas.

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